«Historia y Memoria. Notas sobre un debate» de Enzo Traverso – Reseña al capítulo

Capítulo: “Historia y Memoria. Notas sobre un debate” de Enzo Traverso.

Libro: “Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción” (2007)[1]

RESEÑA

Felipe De Lucas A.

25-09-2023

Es un texto de alta calidad que nos muestra la experiencia, conocimientos y trayectoria de Enzo Traverso, quien supo reflejar prolijamente el fenómeno de la historia, la memoria y ambas en sus cruces descriptivos, epistemológicos y metodológicos, todo ello fue acompañado y contextualizado con hechos históricos contemporáneos que facilitan la comprensión de las ideas postuladas. En lo sucesivo traemos nociones e ideas relevantes del autor para comprender dicha relación.

     El uso de la Memoria pública se da mucho actualmente en las sociedades occidentales, para ingresar en sus estudios y clarificaciones es fundamental comprender la fuerza de los imaginarios colectivos. No obstante, también se ha dado una “obsesión conmemorativa” amplificada, esto porque la “sacralización” de los lugares de la memoria da lugar a una verdadera “topolatría”[2]. De acuerdo a estas ideas, comprendemos que el pasado es reelaborado según las posibilidades éticas, culturales y políticas del presente: “el recuerdo del pasado se transforma en memoria colectiva una vez que ha sido seleccionado e interpretado según las posibilidades culturales, las interrogaciones éticas y las conveniencias políticas del presente”[3].

     Aun así, se observa que se ha suscitado un “turismo de la memoria”, donde estos sitios topográficos se han transformado no solo en museos, salas de exposición o conmemoraciones, sino también en comercio, centros turísticos, almacenes, tiendas de recuerdos, etcétera. La memoria guarda relación con la “invención de la tradición” de las ideas de Hobsbawm[4], esto se refiere al pasado real o mítico alrededor del cual se construyeron prácticas ritualizadas dirigidas para reforzar la cohesión social de un grupo o comunidad, dar legitimidad a ciertas instituciones e inculcar valores en el seno de la sociedad. Por ende, es un uso político del pasado. Esta noción se asemeja a la “experiencia transmitida” y la “experiencia vivida” de W. Benjamin[5]; desde esta óptica Traverso señala que la obsesión por la memoria de nuestros días sería el producto de esa caída de las experiencias transmitidas, el resultado paradójico de una declinación de la transmisión en un mundo sin referencias[6].

     Entonces, las memorias son representaciones colectivas del pasado tal como se forjan en el presente, estructuran las identidades sociales, inscribiéndolas en una continuidad histórica y otorgan un sentido, es decir, una significación y una dirección[7], transformándose en una suerte de “religión civil”. Ahora hemos ingresado en la “era del testigo”, el cual es identificado cada vez más con la figura de la víctima. De tal modo, inevitablemente la memoria se transforma en una cuestión política y toma la forma de mandado ético. Las guerras de la memoria palpitan importantemente hoy.

     Por otro lado, si bien la Historia y la Memoria son esferas distintas, estas se cruzan constantemente, lo que tampoco debe ser interpretado en un sentido radical ni tampoco ontológico. La historia es una puesta en relato que constituye en parte un desarrollo de la memoria; pero si la historia nace de la memoria, también se emancipa de ella, al punto de hacer de la memoria uno de sus temas de investigación: la historia contemporánea. Esta historia del tiempo presente se sustenta además en fuentes orales, testimonios, archivos y otros documentos. Es así que la memoria es cualitativa, singular, no tiene necesidad de pruebas para quien la transporta; la historia para existir como campo del saber no debe rechazar la memoria, sino ponerla a distancia para lograr objetividad. Para entender esos conjuntos de imágenes y recuerdos debemos atender el relato a posteriori, tener empatía y respeto hacia esa memoria, explorarla y comprenderla, pero no someternos a ella.

     La toma de distancia es la condición esencial que permite proceder a una historización; la distancia se engendra por una ruptura, donde debemos considerar la apertura de archivos privados y públicos, asimismo la demanda social y pública para estudiar, con todo se conecta la investigación histórica con los recorridos de la memoria colectiva. El tiempo histórico y el tiempo de la memoria tienen sus propias temporalidades que se entrecruzan. También es muy atingente el estudio psicológico sobre cómo se construye finalmente una memoria, cuyo proceso tiene varias etapas, para H. Rousso[8] las siguientes: primero un acontecimiento significativo, con frecuencia un traumatismo; después de una fase de represión; seguida de una anamnesis (tarde o temprano), que es el retorno de lo reprimido; esto puede quizás convertirse en una obsesión. Estas etapas no son lineales.

     También están las memorias “fuertes” y las memorias “débiles”, lo que significa que hay memorias oficiales, mantenidas por instituciones, incluso por los Estados, y memorias subterráneas, ocultas o prohibidas; además, la visibilidad y el reconocimiento de una memoria depende también de la fuerza de sus portadores, como explica Traverso[9]. De tal manera, las memorias “fuertes” alcanzan una relación privilegiada en la escritura de la historia[10], producen la necesidad de reflexión, análisis y reconocimiento. Otra noción relevante sobre este punto es que la memoria y el reconocimiento no son datos fijos e inmutables, sino que evolucionan.

     Finalmente, existe una tendencia creciente a la “judialización de la memoria”, lo que está conectado con el proceso psicológico de la anamnesis, porque es una revisita pública donde el pasado ha sido revivido, juzgado en una sala de tribunal. Aquí aparece la relación entre el historiador y el juez, pero la tarea del primero no consiste en juzgar, sino en comprender —pese a que todo trabajo histórico supone también, implícitamente, un juicio sobre el pasado—. El historiador no puede emitir sentencias, su verdad es el resultado de su investigación, pero ésta no tiene un carácter normativo, es parcial y provisoria, jamás definitiva. “Solo los regímenes totalitarios, donde los historiadores son reducidos al rango de ideólogos y de propagandistas, poseen una verdad oficial”[11]. Lo que historiador y juez comparten es la investigación de la verdad y esta búsqueda necesita pruebas[12], a su vez, ambos se sirven de la retórica para explicar sus argumentos. “La imbricación de la historia, memoria y justicia están en el centro de la vida colectiva”[13], y en esas intersecciones está la política.

     Enzo Traverso, historiador e intelectual italiano, con su pluma concisa y transparente nos explicó la compleja e interesante relación entre la historia y la memoria, este último término se emplea mucho actualmente en el ámbito público y, por lo tanto, es necesario que todo historiador, historiógrafo e investigador comprenda las fuerzas y razones que originan las memorias colectivas, luego el porqué de las vigencias de unas, disolución de otras o rivalidades que se generan entre ellas en las sociedades que esté dispuesto a indagar.

Referencias bibliográficas

Hobsbawm, Eric. “Introduction: Inventing Traditions”. En The Invention of Tradition, comp. E. Hobsbawm, T. Ranger. Cambridge University Press: 1983.

Reichel, Peter. Politik mit der Erinnerung. Múnich: Hanser, 1995.

Rousso, Henry. Le síndrome de Vichy de 1944 à nos jours. París, Seuil, 1990.

Traverso, Enzo. “Historia y memoria. Notas sobre un debate”. En Historia reciente: Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, comp. Marina Franco y Florencia Levín, 67-96. Buenos Aires: Paidós, 2007.


Notas:

[1] Enzo Traverso, “Historia y memoria. Notas sobre un debate”, en Historia reciente: Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, comp. Marina Franco y Florencia Levín (Buenos Aires: Paidós, 2007): 67-96.

[2] Peter Reichel, Politik mit der Erinnerung (Múnich: Hanser, 1995); Traverso, “Historia y memoria”, 67.

[3] Traverso, “Historia y memoria”, 67-68.

[4] Eric Hobsbawm, “Introduction: Inventing Traditions”, en The Invention of Tradition, comp. E. Hobsbawm y T. Ranger (Cambridge University Press: 1983); Traverso, “Historia y memoria”, 68.

[5] Traverso, “Historia y memoria”, 68.

[6] Traverso, “Historia y memoria”, 69.

[7] Traverso, “Historia y memoria”, 69.

[8] Henry Rousso, Le síndrome de Vichy de 1944 à nos jours (París, Seuil, 1990).

[9] Traverso, “Historia y memoria”, 86.

[10] Traverso, “Historia y memoria”, 88.

[11] Traverso, “Historia y memoria”, 90.

[12] Traverso, “Historia y memoria”, 90.

[13] Traverso, “Historia y memoria”, 92.

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