«El Holocausto y los límites de su representación” de Alejandro Baer – Reseña al capítulo

Libro: «Holocausto. Recuerdo y Representación» – Alejandro Baer

Cap. III: “El Holocausto y los límites de su representación”[1]

Felipe De Lucas A.

23 – 10 – 2023

El Holocausto ha inspirado y nutrido un abanico extraordinariamente variado de propuestas artísticas y aproximaciones historiográficas: desde el cine de ficción, el teatro y las artes plásticas, pasando por los museos, exposiciones y proyectos educativos, hasta la novela y el ensayo histórico. A la par y como consecuencia, se ha desarrollado una intensa discusión teórica en torno a los “límites de la representación” del Holocausto, es decir, los márgenes y fronteras dentro de las cuales la representación puede ser apropiada para un referente del peso y la singularidad que supone el asesinato industrial de millones de personas.

     Es un reto representacional, no es un tema como cualquier otro; se debe tener cuidado con la violación y la traición a la memoria de las víctimas, no hay que trivializarla. Como dice Imre Kertész, hoy existe un canon y un sistema de tabúes en la representación del Holocausto. Desde estas nociones surge la pregunta: ¿dónde se fijan los límites de la representación? (considerando que estos son los límites de toda memoria de horror), en su respuesta acuden tendencias teóricas, debates epistemológicos y estéticos en torno al realismo documental. Representación y límite son términos antagónicos, es más, la tesis de la “irrepresentabilidad del Holocausto” se funda en que tal evento escapa a la sujeción del lenguaje para describirlo o representarlo. Saul Friedlander comentó que es el caso más radical de genocidio en la historia, por ser sistemático, organizado industrialmente y exitoso. La literatura, historiografía, arte, cine, museos y monumentos son los que representan, y esta es una labor que requiere sumo cuidado.

     Para Theodor Adorno, la poesía y el arte tienen una dimensión de despliegue de placer y esta, en conexión con el genocidio, fue considerada por el filósofo un verdadero acto de barbarie, pues no puede haber estetización basada en el sufrimiento de las víctimas. Nace la siguiente paradoja: la obligación de recordar y la prohibición de estetizar. La noción de lo “inexpresable” no es fácilmente transferible al dominio del historiador, porque para este (así como para el científico social) la conceptualización de un hecho histórico como inexplicable choca obviamente con la metodología y los objetivos de su disciplina. Así vemos que el historiador encuentra “límites” en la representación del Holocausto, los que están marcados por la categoría de “verdad”. Friedlander señala que en la historia del Holocausto una llamada a la verdad es imperativa.

     Pese a este panorama, han surgido una serie de tesis negacionistas bajo el eufemismo de “revisionismo histórico”, las que suelen proceder desde minoritarios círculos ultraderechistas. Estas ideas se relacionan con el relativismo postmoderno en la historiografía, de hecho, la historiografía postmoderna y deconstruccionista solo podría abrir las puertas a la negación del Holocausto. Las investigaciones de reconocidos historiadores conservadores concluían que el Holocausto ocupaba un papel relativo (y no absoluto) en el marco de las tragedias de la primera mitad del siglo XX. De este contexto proviene el término Historikerstreit (“disputa entre historiadores”), que fue un debate intelectual y político que tuvo lugar en la antigua República Federal Alemana a mediados de los 80’. Para Baer esta perspectiva supone en cierta medida una profanación, la violación de un límite: “el choque de perspectivas e interpretaciones es el día a día de la historiografía y las políticas de la memoria (…). El Holocausto, por su trascendencia y singularidad moral y epistémica, y su difícil representación, no hace más que poner el acento en el problema de la ‘verdad’ de la historia”.

     Desde el apartado «La industria cultural y la comercialización de la memoria», Baer comenta que las representaciones del Holocausto que ofrecen el cine y la televisión han sido muchas veces el detonante de la polémica sobre los límites de la representación. El audiovisual predispone al placer narrativo y visual, por tanto, afecta la prohibición de Adorno (establecida en su Dictum), transgrediendo el primer límite fijado a la representación del Holocausto: que es la prohibición de estetizar el horror. El cine y la televisión pertenecen a la industria de la cultura (para los de la Escuela de Frankfurt la mercantilización de la cultura es sinónimo de desmemoria, incluso Adorno realizó conexiones estructurales entre los mecanismos de la industria cultural y la lógica del antisemitismo). Por todo esto, surgen dos propuestas antagónicas: la comprensión racional, cognitiva de la Historia, versus la de los medios de masas, que apelan a las emociones, bloqueando la posibilidad de la reflexión crítica. Dicha Escuela muestra preocupación respecto a la “verdad” que ofrecen los medios audiovisuales porque desdibujan peligrosamente la línea divisoria entre ficción y realidad, distorsionan eventos reales con la finalidad del dramatismo o de la manipulación ideológica.

     En el apartado «Éticas y estéticas de la representación del Holocausto» Baer plantea la pregunta: ¿dónde se fija la frontera de lo ético y estéticamente admisible? Responde refiriéndose al lenguaje del silencio: “este silencio, claro está, no es el del olvido, ni el fracaso de la comunicación, sino un lenguaje”, el cual es otra forma de representación del Holocausto. En tanto a la “prohibición de la imagen”, nos trae el debate netamente moderno que plantea el problema de los límites (tanto cognitivos como morales y estéticos) de la transmisión de conocimiento del horror a través de imágenes fotográficas y cinematográficas: “las imágenes poseen un carácter espectacular que comporta problemáticos riesgos de fascinación”, en este caso la crudeza de las imágenes bloquearía la capacidad de conocimiento del espectador y re-victimiza a las víctimas.

     “Las producciones (de televisión y cine) son acusadas de romper la noción del Holocausto como algo perteneciente al ámbito de lo inimaginable y de violar esa zona liminal de comprensión humana definida por límites”, […] “la ficción sobre la Shoah penetra en ese ámbito sagrado al reconstruir y recrear el horror con escenarios y actores”. El documental, por otro lado, plantea problemas de la imagen literal: la fotografía y el metraje de archivo. “En esta posición radicalmente iconoclasta, tanto respecto a la ficción cómo a la imagen documental, se situaría la teorización estética y el planteamiento audiovisual de Claude Lanzmann: invocar la memoria por vía de los testimonios de los testigos y no con imágenes explícitas”, […] “Shoah, su monumental documental de nueve horas, es una obra que establece con firmeza donde están los límites de la representación”, estos límites son los de la imagen documental y la ficción.

     Entonces, para Lanzmann no hay solución de continuidad entre representación y experiencia, donde residiría un abismo que nunca debe ser cruzado. “Al prescindir de imágenes históricas del acontecimiento y estar enteramente basada en entrevistas a testigos, Shoah se plantea dentro de los límites de aquello que puede ser realizado, pero él fuerza a buscar las imágenes no en el celuloide sino en la mente del espectador”. Bajo esta premisa, es peligrosa la estetización y el lenguaje figurativo porque siempre “añaden” algo al objeto al que se refieren, reducen y oscurecen aspectos del acontecimiento y sitúan la atención en el autor, no dejando que “los hechos hablen por sí mismos”. Estos son los géneros y discursos de la sobriedad: los que presuponen una relación con lo real directa, inmediata (no mediada) y transparente. No obstante, hoy surgen géneros híbridos donde confluyen los géneros de ficción y los discursos de sobriedad a la vez.

     En conclusión, toda disputa vendría a resolverse en la respuesta contemporánea del testimonio y del testigo (supervivientes, testigos presenciales, perspectiva de las víctimas), que son evocativas. Es así que el testimonio plantea una salida productiva a los problemas mencionados debido a su ambivalencia, constituyendo una fuerza verdadera para dar cuenta de la realidad del Holocausto.

Bibliografía

Baer, Alejandro. “III. El Holocausto y los límites de su representación”. En Holocausto: Recuerdo y representación, presentación por Reyes Mate, 89-109. Madrid: Editorial Losada, 2006.


NOTA

[1] Alejandro Baer, “III. El Holocausto y los límites de su representación”, en Holocausto: Recuerdo y representación, presentación por Reyes Mate (Madrid: Editorial Losada, 2006), 89-109.

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