«La conflictiva y nunca acabada mirada sobre el pasado» de Elizabeth Jelin – Reseña

“La conflictiva y nunca acabada mirada sobre el pasado” – Elizabeth Jelin[1]

Felipe De Lucas A.

12-11-2023

 Si bien en un principio la idea de Jelin era una perspectiva comparativa de casos cercanos, se hizo evidente que con ello no alcanzaba: los países no son unidades aisladas, sino parte de algo más amplio, una región en sentido fuerte, con interdependencias y vínculos entre los casos, de tal modo es posible adecuarlo más en una perspectiva relacional, generando conexiones entre los procesos políticos y sociales de los diversos países seleccionados. Seguidamente fue necesario considerar la necesidad de ubicar el contexto regional en una perspectiva global sobre las memorias y los procesos de interpretación del pasado. Por ejemplo, luego de la Segunda Guerra Mundial, la Shoah se convirtió en clave o modelo para la interpretación de múltiples y recurrentes situaciones de violencia política, masacres y genocidios en todo el mundo. Hacia fines del siglo XX en el Cono Sur la experiencia de los regímenes dictatoriales durante los años setenta y los procesos de elaboración de ese pasado han cobrado una importancia central para pensar cómo las sociedades enfrentan y elaboran sus pasados recientes de violencia política y terrorismo de Estado.

Elizabeth Jelin es una socióloga e investigadora social argentina que trabaja temas sobre derechos humanos, memorias de represión política, ciudadanía, género, familia, discriminación racial, tensiones socioeconómicas, movimientos sociales, entre otros. Su carrera se ha destacado por su enfoque interdisciplinario, ofreciendo una visión crítica y profunda de estos problemas que afectan a la sociedad actual, esto la ha situado como una de las voces más influyentes en el campo de la sociología en América Latina. Este texto reúne parte de su trabajo efectuado por varios años de investigación: aquí el entrecruzamiento entre memoria e historia reciente del Cono Sur nos permite comprender las líneas más actualizadas de indagación sobre este ámbito, de igual modo nos dota de herramientas para estudiar, interpretar y explicar nuestra historia territorial, superando perspectivas y visiones extranjeras sobre los eventos sociopolíticos de nuestros países latinoamericanos. Somos nosotros los que mejor podemos hablar de nuestro pasado histórico heredado y/o directo.

     Jelin comienza escribiendo sobre la normalización del pasado en el caso alemán, donde estudia las dificultades que tuvo Alemania para considerarse país respetable con pretensiones de normalidad luego del régimen nazi. Una ola neoconservadora quiso rechazar el recuerdo y la autoflagelación por el pasado considerando poco a poco al país como “normal” o “nación confiable”, visión que en los setenta fue reemplazada por la de “nación moral”, ya en los ochenta la “normalización” tuvo dos sentidos: el de relativización y el de regularización o ritualización. Luego de este preámbulo comienza la autora a nombrar la historia de las memorias en el Cono Sur, señalando que no es posible trasladar de manera directa este tipo de análisis o ejemplificación extranjera a la historia de nuestros países latinoamericanos.

     Nos habla del Golpe de Estado de Chile, simultáneamente del caso dictatorial de Argentina, revisando además contextos políticos similares en Uruguay, Brasil y Paraguay suscitados desde la mitad del siglo XX. Además, en estos cinco países existe una larga historia de fronteras porosas que incluyen movimientos permanentes de exiliados políticos. Como resultado, el pasado dictatorial reciente no quedó clausurado en el momento de la transición política, sino que continuó siendo parte central del escenario político a lo largo de las décadas siguientes; con esto se produjo que interpretaciones contrapuestas y a menudo rivales sobre el pasado reciente y sus memorias se instalaran en el centro del debate político y cultural, cuya discusión es clave para alcanzar la democratización. Las fuerzas políticas internas, donde los Estados eran objeto y sujeto de las luchas por las memorias, luego se vieron retroalimentadas y superadas por la perspectiva de los movimientos sociales, los cuales alcanzaron plena independencia en visiones y narrativas de su pasado reciente.

     Luego Jelin nos describe la dinámica estructural que anima los discursos militares “salvadores”, donde se retrotrae a la idea de Nación única y primigenia. De igual modo aborda los procesos posdictatoriales de transición en la región mediante el paradigma de los derechos humanos, abarcando otros importantes temas como la amnistía, por un lado, y por otro la multiplicidad de modalidades de expresión de parte de subjetividades sociales que permitieron el paso de la confusión hasta la “ruptura”, con sus narrativas del “despertar” o el “descubrimiento”. Es así que el énfasis de las memorias y las búsquedas se centró en el período dictatorial y en sus múltiples representaciones. En Argentina, por ejemplo, el reclamo por obtener mayor información sobre las desapariciones llevó a crear la CONADEP, que se transformó en un antecedente temprano de lo que más adelante será una práctica institucional recurrente en muchas partes del mundo con las “comisiones de verdad”. En Chile, la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación se estableció en 1990, inmediatamente después de la transición posdictatorial.

     En conclusión, las luchas por el sentido del pasado han sido vitales en estos últimos treinta años, a ellas se han incorporado diversos grupos sociales que ampliaron el campo de las demandas relacionadas con la violación de los derechos humanos, esto se observa en la presencia múltiple de actores sociales que reclaman justicia, reconocimiento y acción estatal, luchando contra la “normalidad” neoliberal de los países citados y de sus aparatos institucionales. Esto fue apoyado por el incremento de la presión judicial internacional. Ya para el siglo XXI el Estado ha implementado políticas de memoria de diverso tipo. También hay que tener cuidado, puesto que existen intentos de domesticación de luchas mediante políticas de memoria tranquilizadoras, que incluyen propuestas mercantiles y de explotación turística del pasado, señala la autora. Por consiguiente, Jelin nos ha enseñado mediante la lucidez de su texto que el tiempo de la memoria no es lineal: la memoria es abierta, está sujeta a debates sin líneas finales y a constantes procesos de revisión.

Referencias bibliográficas

Jelin, Elizabeth. “La conflictiva y nunca acabada mirada sobre el pasado”. En La lucha por el pasado. Cómo construimos memoria social, 31-59. Buenos Aires: Siglo XXI, 2017.


NOTAS

[1] Elizabeth Jelin, “La conflictiva y nunca acabada mirada sobre el pasado”, en La lucha por el pasado. Cómo construimos memoria social (Buenos Aires: siglo XXI, 2017): 31-59.

Fotografía 1: Elizabeth Jelin

Fotografía 2: portada libro.

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