La filogenética del inconsciente, desde la visión de la sexualidad sacra

Nota:

Esta es una extraña reflexión que hice a inicios del 2019, inspirado por los siguientes factores:

1) Era una época en que me encontraba leyendo la polémica biografía del psiquiatra Carl Gustav Jung (1875-1961) de parte del psicólogo y escritor Richard Noll (1959 -), la que me otorgó otra mirada sobre mi eternamente admirado Jung. Dicho libro es The Aryan Christ: The Secret Life of Carl Jung, editado por Random House, Nueva York, 1997.

2) También estaba interiorizando y meditando todos los escritos disponibles en castellano del psiquiatra, psicoanalista y anarquista austríaco Otto Gross (1877-1920), quien fue condenado al ostracismo académico y profesional por su revolucionaria forma de pensar la terapéutica. Gross fue una figura llamativa y, por ende, respetable de mi parte, opiniones que tuve la ocasión de compartir con el Dr. Gottfried M. Heuer, quien tiene su consulta privada en el oeste de Londres y es fundador de la International Association for Otto Gross Studies, intercambiando pensamientos sobre el legado de Gross a través de correos electrónicos.

Para terminar, decir que este texto estaba escrito primeramente en prosa poética, pero por el hecho de haber poseído un lenguaje extremadamente encriptado, decidí cambiar el formato e ir explicando las ideas que allí se sugerían, las cuales habrían sido de difícil desciframiento para los que no tuviesen los estudios requeridos.

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«La filogenética del inconsciente,

desde la visión de la sexualidad sacra»

Autor: Ar Uha Adzam (Felipe De Lucas A.)

     En tiempos antiguos las distintas dimensiones de la vida privada y pública fueron guiadas por la sacralidad del acto sexual, asimismo por la pasión erótica y el desenvolvimiento sin reservas del verdadero yo. Con esto último me refiero al yo, al “sí mismo” inspirado por los deleites del cuerpo en contacto con el otro, por las satisfacciones sensoriales y el más profundo placer. Ahora, en tiempos modernos, se ha civilizado la humanidad, la cual ha olvidado, en consecuencia, sus propósitos instintivos en la tierra. Antiguamente érase de acuerdo a la animalidad más bestial, sin embargo, hoy todo es motivo de culpa, vergüenza y represión, acatándose leyes sociales inventadas por la moral sin vida.

     ¿Cómo es que la humanidad llegó a civilizarse? Tal adelanto se produjo debido a la ilustración progresiva de los pueblos, la moneda de intercambio, el ejercicio de la razón y el afán de poder político, de suerte que a medida que más crecía la complejidad de los símbolos del pensamiento individual y social, del verbo y la escritura, más se acrecentaban los pudores que antes brillaban por su ausencia en virtud de su connaturalidad con el entorno. En otro orden de cosas, los anhelos por la supremacía, o sea, los deseos de tocar el cenit incorrecto y de subyugar al resto, debieron ir de la mano de nuevas invenciones para dominar a las masas informes, es por ello que se utilizaron equivalentemente historias, fábulas, imaginarios ficticios y sistemas de aplacamiento filosófico para concebir dicha sumisión, siendo que antes se obedecía al salvajismo propio de la naturaleza animal-humana, al calor de las relaciones íntimas sin nombre, a la más pura poligamia y a la antropofagia tanto por la supervivencia como por el rito religioso-combativo en ciertos lances y geografías.

     Otra manera de observar esta transfiguración de lo originario, se representa en el hecho de que en los milenios sucesivos se obligó la necesidad de una guía autoritaria, de modo que se lograra someter a la humanidad a una forma determinada de observar la existencia. Eso sí, esto se manifestó después de que, tanto figurativa como objetivamente, ya había perdido la cordura, la mesura y la sensatez debido a los excesos y desproporciones de esa sexualidad innata hacia el sí mismo y el otro, deformándose la pureza del estado “edénico” en sombras.

     Respecto a otro punto, ha existido desde siempre una peculiar reciprocidad entre los fenómenos naturales y el comportamiento humano, reflexión que de inmediato entra en el campo del misterio para los que no la han visualizado atentamente, siendo a la vez muy poco meditada a nivel genérico. Esos infinitos fenómenos han repercutido en cómo piensa y procede el ser humano, esto porque al estar bajo su presión se han modificado los comportamientos, de modo que, si se enfriaba una parte del mundo, los animales y las especies protohumanas o directamente humanas migraban a zonas que les eran más plácidas. En otras palabras, las eras geológicas han determinado el cómo todo ser viviente, independiente de su atisbo de conciencia, independiente de su avance en la senda de la humanización, ha asimilado su propia supervivencia y proyección hacia el futuro.

     Pese a lo dicho en el parágrafo anterior, se ha conocido o leído desde ciertos profetas históricos y mitológicos que la alta o baja calidad del pensamiento colectivo sí podría haber influido en las etapas de la naturaleza, lo que ya queda en el orden de lo enigmático o ilógico para los limitados cientificistas. Las distintas leyendas que aluden a la destrucción de desconocidas civilizaciones milenarias se han referido en primera instancia a la decadencia de los que subsistían bajo su alero, cuyas prácticas negativas por el anhelo de poder lograron desestabilizar campos eléctricos, magnéticos, telúricos, cuánticos, entre otros, del planeta. De allí que, el algunos casos, se hundieran en los océanos dichos territorios, existiendo conexiones además con grandes diluvios atestiguados mitológicamente a través de distintos textos sagrados del globo, de culturas sumamente distantes unas con otras, de modo que, surgen tan solo dos opciones: un patrón que se repite debido al inconsciente colectivo, de carácter filogenético, o a verdaderos desastres que en su momento fueron reales, quedando plasmados en estos relatos un ayer ya casi absolutamente olvidado. Más allá de lo fantásticas que sean estas narraciones, importa de sobremanera para nuestros fines que el pensamiento consciente y activo de una colectividad muy grande influyó entonces sobre la “furia” o “dicha” de la naturaleza. Lo que pudo existir en el pasado puede existir ahora, de tal guisa que la mente colectiva universal podría estar determinando las reacciones de la tierra en distintos lugares del globo, produciéndolas, detonándolas o reforzándolas.

     Por ejemplo, aunando ambas versiones y para ilustrar mejor, una vez estallado un volcán germinaba entonces una nueva época de pasión individual, comunitaria y social hacia un fin determinado, las lavas ardientes encendían antorchas tanto interna como externamente en los grupos humanos, de allí que el rojo vivo exaltara la algidez de tribus, clanes, pueblos y ánimos sociales hacia un fin diverso. Además, desde la profundidad de los mares o la tierra los intensos movimientos telúricos obligaron al desplazamiento o la reconstrucción de ciudades y civilizaciones completas, lo que desde el lenguaje de la naturaleza y en relación con la analogía filosófica, es plausible interpretarlo como una señal de la tierra para apresurar la muerte ineludible de lo que ya parecía anticuado, promoviendo con la catástrofe el renacer de un nuevo sistema social, político e ideológico. De allí que, poética y alegóricamente, la madre Tierra, Gea, se entretiene y nos educa con la libre manifestación de sus poderes objetivos y sobrenaturales para exigir justicia si es que lo cree necesario.

     Al modo inverso, magos, brujos, altos sacerdotes y chamanes de múltiples tradiciones vetustas nos enseñaron con su legado que el pensamiento humano, enfocado en un mismo fin y en toda su amplitud, podía repercutir sobre algunos fenómenos naturales, siendo entonces artificiales, de manera que se podía hacer llover si se bailaba intensamente y se pactaba con los espíritus del más allá. Dicha perspectiva, nos lleva a reflexionar sobre esta relación entre el hombre y la naturaleza, asimismo en la relación de ambos con el cosmos circundante, dando como resultado un juego en conjunto y en ejercicio dinámico entre toda forma de inteligencia y vitalidad animadora de toda existencia, cuyas relaciones se mueven en el plano de los “soplos universales”, que es una región independiente de la materia y de sus volúmenes. Con ello, los sacerdotes mayas y aztecas hicieron creer al pueblo llano de que ciertas liturgias aristocráticas estaban estrictamente ligadas a los eclipses, pues podían predecirlos e incluso aparentar que los dominaban para generar respeto y miedo. Sin ahondar, desde la magia común y silvestre es conocido que el pensamiento del Homo sapiens influye sobre las formas elementarias o elementales, las cuales luego repercuten en la naturaleza concreta, o sea, en los bhutas y los tanmatras de la filosofía Samkhya. Aquí se encuentran los secretos de todas las maestrías de las distintas escuelas de elevación del individuo a lo largo del mundo, sumando la de los yoguis, los gurús, los chamanes, los líderes sacerdotales, y la praxis que hoy siguen proclamando en confidencia ciertas sociedades discretas, enseñando todas a través de la línea de la tradición secreta y esotérica el poder que adquiere el mago al dominar los cuatro elementos básicos, de manera que con un quinto elemento que debía descubrir alcanzaba los fines que su conciencia le dictara, cuyos pasos siguientes requerían conseguir discípulos fieles y transmitir la técnica en una cadena sin fin.

     En la antigüedad metahistórica, ciudades como Sodoma y Gomorra fueron destruidas por las prácticas sexuales y amatorias que estaban fuera de control, de modo que la deidad suprema decidió destruirla. En otros puntos geográficos de riquezas, así como en los palacios de los más poderosos, en liturgias de mistagogos o por las influencias de políticos, se celebraron las más lujosas ceremonias que hacían honor al placer carnal, algunos creen que estas prácticas aún están en ejercicio. En muchas de esas ceremonias de herencia arcaica, una persona, cumpliendo el rol de sacerdote u oficiante, tomaba el intenso papel de transformarse en el vehículo del Dios o Diosa de su determinado panteón, de la o las deidades que fuesen invocadas para la celebración o evento en cuestión. Con tal procedimiento, la deidad se encarnaba en la materia por medio de un cuerpo vivo, mediante esta práctica se buscó realizar la elevación del y los candidatos a la Iniciación hacia esferas superiores de conciencia. Para el que ejecutaba el acto sacerdotal, este proceso de entregar con suma confianza el cuerpo al criterio de la deidad, acababa igualando tal Dios o Diosa en él mismo, ganando características de la divinidad en sus células materiales, y así alcanzando progresivamente con esta y otras numerosas prácticas la suprema Apoteosis, que es también producto de la bendición o el favoritismo de los dioses a ciertos seres humanos que han creído en ellos, y que han llevado sus enseñanzas a comunidades amplias.

     Otras ceremonias del mismo calibre eran efectuadas con médiums o brujos de alta categoría, los que a su vez eran consejeros de los reyes, emperadores, faraones, entre otros, o sea, de los dirigentes ideológicos de las civilizaciones. Las bases ideológicas e instrumentales de estos ritos las encontramos en rituales sucesores más contemporáneos, como en las ceremonias de Hierros Gamos. Pero, como hemos señalado, estas prácticas se remontan a mucho tiempo atrás, tan primitivas que la memoria colectiva no guarda recuerdo de aquellas en suficientes fuentes escritas, de modo que el metahistoriador debe desentrañarlas de fuentes arqueológicas, artísticas, de los grabados en cerámica, de fuentes antropológicas mediante las filosofías ya borrosas de los inicios de los pueblos primigenios, de tradiciones verbales que han llegado hasta hoy deformadas o con varias versiones, entre otros medios de análisis. Es así que en esos períodos la sexualidad era completamente naturalizada y era parte de las prácticas del día a día, hayan sido profanas o sagradas, hayan sido en el calor del hogar como en la relación sexual social para lograr fuerza en los cultivos, conseguir temporadas privadas de tempestades y la abundancia total. La visión de la sexualidad era algo hondamente ligado a la concepción de la vida, la muerte y el orden cósmico, estando el coito en muchas cosmovisiones no visto desde una visión tabú, propia de nuestra actualidad, sino que eran formas válidas de conexión con lo divino o con el mundo de los muertos. Los arqueólogos, antropólogos, historiadores y etnohistoriadores ya han comprendido el interpretar las figuras ligadas a la sexualidad con la función ritual que en sus inicios tuvieron, también acentuando la importancia religiosa, asociándolas con la fertilidad, la muerte y el renacimiento, los principios masculinos y femeninos en unión para procrear vida, etcétera.

     El hombre y la mujer sobre la tierra disfrutaban de sus verdaderas y prístinas naturalezas, guiándose por el contacto animal. Hoy olvidamos que seguimos siendo animales, pero con una consciencia que nos distingue de todas las especies animales que han existido, sin embargo, seguimos teniendo impulsos propios de nuestra naturaleza animal, por cuyas represiones se ha enfermado el individuo único y social. Incluso, a la par de dicha revelación constante que unía, por decirlo metafóricamente, al cielo con la tierra a través de la sexualidad, el mundo en el denominado período clásico fue en occidente el refugio y la cuna de las artes más desarrolladas, de las búsquedas más implacables, de las batallas más intensas, de los rituales públicos más elevados, eventos en los cuales todos los pueblos de una zona podían unirse para llamar directamente a las fuerzas de la naturaleza o del cosmos, como en muchas partes se llevó a cabo, incluso en varias celebraciones se desfilaba con gigantes figuras fálicas y otras que representaban la genitalidad femenina. En otros casos, pueblos más pudorosos o acreedores de una postura cosmogónica más ligada a la experiencia individual que a la social en la religión, hicieron dichos actos en privado, haya sido a través del onanismo como de la relación sexual sacra de índole privada. En oriente, estos avances ya venían con un desarrollo pretérito, de suerte que occidente se inspiró en gran medida de oriente, de allí que los griegos obtuvieron y se apropiaron injustamente de los desarrollos astronómicos, matemáticos, religiosos e inspirativos de las cosmogonías, prácticas e imaginarios de sus vecinos lejanos en el oriente. El oriente llevó la impresionante fuerza de su imaginación y poder mental, primero, a través del Medio Oriente hasta el Próximo Oriente y, segundo, a occidente, que estaba a un paso. Cabe aclarar que, si bien muchos motivos (entiéndase por ‘motivo’ en teoría del arte: un elemento, patrón, tema o imagen recurrente que aparece en una obra o conjunto de obras, y que contribuye a su significado o interpretación) se mantuvieron de maneras muy similares, otros sufrieron paulatinas metamorfosis, además, múltiples avances que ahora no podemos detallar fueron propiamente occidentales, como ciertas filosofías, modos de pensar, modos de regir y legislar. No obstante todo lo anterior, no le podemos restar importancia a la carga creativa del Medio Oriente, quizás incluso más fuerte, sublime y excepcional que la del Extremo y Próximo Oriente, considerado el primero por muchos académicos como la cuna de los motivos artísticos, mitológicos e ideológicos de esa mitad del mundo, entre otras observaciones. El Medio Oriente es una de las reliquias más grandes de nuestro mundo, junto con otras civilizaciones prístinas que conforman un número que no asciende a más de cinco o seis, entendiéndose por «civilización prístina» a las que tienen cinco mil años de antigüedad y que confeccionaron cerámica. En Hispanoamérica tampoco nos quedamos atrás, pues la sexualidad también estuvo íntimamente ligada al desarrollo de la divinización, del progreso tanto personal como social y cósmico. Debido a este aislamiento, no hubo intercambios con otras culturas distantes, siendo mucho más originales entonces las producciones de los imaginarios de Centro América y América del Sur que las del occidente europeo, lo mismo con las del Próximo, Medio y Extremo Oriente, quienes tenían más facilidad para el intercambio de distintos tipos, entre ellos el comercial, religioso, migratorio, el traspaso de símbolos, entre otras copiosas relaciones, también con lo lingüístico a través del protoindoeuropeo. América central y del sur fueron una excelsa cuna de civilización al mismo nivel o superior que la del Medio Oriente, lo que quedará para otra reflexión. A modo de ejemplo breve, nos encontramos con Tiwanaku, en Bolivia, que ha sido excavada solo un 10% hasta hoy, esperándonos todavía grandes cantidades de hallazgos maravillosos sobre esa cultura precolombina; observemos también a la ciudad sagrada de Caral-Supe, en Perú, descubierta hace pocas décadas, precerámica y con cinco mil años de antigüedad; además poco a poco se están generando nuevos descubrimientos de varias ciudades escondidas en la Amazonía; estos y otros avances arqueológicos han sido lentos, pero seguros.

     Un hecho tan antiguo como los relatados anteriormente, era cuando la relación entre los seres humanos y los arquetipos universales relucía por ser sumamente cercana, respetada, anhelada, proclamada con toda la solemnidad posible por todos los grupos colectivos de la sociedad. La cúspide de la salud mental y de todo bienestar se encuentra en esta verdad, pues debemos tener una relación estrecha con estas entidades nouménicas, de manera que, como receptáculos de sus parabienes, recibamos los vislumbres de la verdad sobre las cosas simples y complejas, la divinización de nuestras células corpóreas y el ascenso a través de las cadenas de arquetipos que llevan hacia el Uno, por seguir en este último caso una idea neoplatónica. Baste con informarse el lector sobre las formas de la medicina antigua para comprobar la importancia de la salud en relación a los dioses en los distintos pueblos tanto tribales como civilizados del mundo; costumbre que se ha perdido, y que justifica el debilitamiento del enlace entre lo humano y lo celestial, generando toda clase de enfermedades. Las Escuelas de Misterios, inicialmente, promovían la encarnación del arquetipo en el miembro de la Orden, de modo que, como tuve ocasión de adelantar un par de parágrafos atrás, siguen existiendo instituciones discretas que hoy que buscan plasmar un procedimiento similar, lo que cambia radicalmente la vida de sus miembros. La filosofía oracular también buscó la unión entre la salud mental y física con los arquetipos, es decir, con las deidades o hénadas antropológicas. Primero fue la cosmogonía, luego la filosofía oracular, luego las escuelas de misterios, luego la filosofía, después la medicina empírica, más adelante la psicología y después la psiquiatría: este es el árbol familiar de la salud, recorriendo milenios de historia tan solo con indicar sus títulos o apelativos, a su vez, tan poco comprendido por los ignorantes, vulgares y vergonzosos profesionales de la salud de hoy, que solo piensan en el presente, en el éxito egosintónico y en el dinero, y que tan poco entienden de la naturaleza humana en sí.

     En otro orden de ideas, como también tuve oportunidad de indicar más arriba, existieron miles de razas anteriores al Homo sapiens de las que la investigación científica se sorprende cada mes que transcurre debido a los constantes y misteriosos hallazgos a lo largo de los cinco continentes, para comprobarlo, baste informarse el lector de las últimas novedades en la arqueología y la paleontología para ver cómo aparecen nuevos ADN, cráneos y otras osamentas que nos hablan de especies no identificadas, desconocidas, diferentes a la especie Homo, que habitaron esta tierra hace millones y cientos de miles de años, y que tuvieron muchas particularidades craneales o características inusuales en el cuerpo que nosotros no poseemos, de hecho, un cráneo más alargado podría haber sido indicativo de capacidades intelectivas, cognitivas y emocionales muy diferentes a la de nuestros cráneos, como se ha teorizado alrededor de la cultura Paracas. No siempre se usó la técnica del alargamiento del cráneo mediante tablas de madera, pues pareciera en varios casos que todos los habitantes de cierta especie tuvieron los cráneos más alargados, sin haberse sometido a deformaciones craneales rituales o trepanaciones médicas. A las afueras de las principales ciudades de Perú y en dirección a la cordillera de los Andes, existen antiguas construcciones de piedra que no han sido investigadas, en cuyos interiores se encuentran cantidades de cráneos alargados y sumamente pequeños, los cuales podrían haber pertenecido a una suerte de pigmeos o seres muy pequeños, de los que hoy no se tiene noticia alguna. Hay que decir que la arqueología sigue siendo una ciencia temerosa y poco atrevida a la hora de estudiar estos misterios, la mayoría haciendo caso omiso y solo unos pocos venerando estas incógnitas al igual que nosotros, pero aun así sin darles la suficiente difusión o indagación. Novedades contantes en tanto a estos campos de estudio científicos de la antigüedad nos suelen alejar, ampliar o cuestionar las clásicas teorías darwinistas de la evolución biológica de las especies, o las de Lamarck, entre otras.

     Siguiendo a Platón en su famoso libro «El Banquete», cuyas premisas muy probablemente las obtuvo o prosiguió de su maestro Sócrates, hubo en tiempos inmemoriales sobre la tierra tres tipos de seres humanos, a saber, los varones, las hembras y los andróginos, estos últimos, por medio de la unión de sus dos hemisferios femeninos y masculinos, tenían una capacidad e inteligencia superior a las de los otros dos, podían comprender los secretos del cosmos, asimismo todas las ciencias y artes del momento, alcanzando niveles elevados de sabiduría; además, sus cuerpos eran bastante curiosos, de modo que por la constitución de sus extremidades «giraban» en lugar de caminar. Fue tanto el poder de estos seres, por haber poseído de manera innata la unión de los opuestos en su ser, es decir, el matrimonio alquímico como lo entendieron los posteriores médicos ocultistas, y, más aún, el nacimiento de ese estado de conciencia espectacular que es el «neutro», es decir, «el hijo», se revelaron con todas sus cualidades inmanentes ante los dioses del momento. Por esta razón, según el discurso de Aristófanes, en dicha coyuntura remota los dioses quedaron perplejos, después francamente se pusieron celosos, molestándose con la raza andrógina o hermafrodita, de allí que Zeus (análogo a todo dios en la posición más alta de la jerarquía de las fuerzas que controlan el o los mundos, pero no del universo en sí mismo, teniendo este último normalmente otras deidades más estáticas u ociosas, padres de los dioses directores) los fulminó con un rayo, de manera que solo quedaron hombres y mujeres. Esta enseñanza, algo implícita, nos lleva a reconocer que dentro de cada ser humano se encuentran estas dos mitades, o sea, la masculina y la femenina, debiendo proseguir el legado de dicha unión a nivel individual, para alcanzar un estado «neutro», o, en otras palabras, «andrógino» en su mente, y así podrá conocer los secretos de los dioses en relación al universo. Además, el hombre y la mujer pueden alcanzar estos estados cumbre, propios de la divinización, la revelación, la profecía y el poder, mediante la relación amorosa mutua, pero siguiendo ciertas técnicas y tácticas en el coito, en el erotismo y en la cotidianidad afectiva que siguen siendo privilegio de unos pocos el conocerlas hoy.

     Hubo a su vez, de manera contemporánea a la época de los andróginos, es decir, hacia el siete mil o cinco mil antes de la Era vulgar, un espíritu oriental de unión por el sentimiento del tantra, o del uso de la sexualidad o maithuna ritualístico para alcanzar elevados estados de conciencia para la pareja y los individuos que lo ejecutaran, incluso tal vibración superior se extendía en un margen de metros o kilómetros a la redonda como efecto de las energías que se evocaban. Muchas veces, en varias de estas ceremonias mistéricas, la mujer cumplía un importante rol de sacerdotisa, enseñándole al neófito varón el arte del cuerpo y del sexo, como se dice que ocurrió desde Egipto hasta el subcontinente Indio y el Extremo Oriente. Una antítesis a esta vetusta tradición la encontramos en las vestales de la religión de la Antigua Roma, consagradas a la diosa del hogar Vesta, pero que eran vírgenes; de modo que la transgresión de la pureza de la vestal de parte de un externo o tercero era considerado un delito fatal. Retomando, yo hablo de otra clase de sacerdotisas, aquellas que le enseñaron al hombre joven el arte de no eyacular rápidamente durante el encuentro sexual, o directamente la ausencia de eyaculación, siguiendo un poco la línea neognóstica, pero que también se encuentra como enseñanza en otras escuelas de inspiración gnóstica, como las del chileno Serrano y del argentino Del Rosario, que tienen pocos, pero rebeldes adeptos (aun así, reducirlas a un mero gnosticismo sería injusto, puesto que contienen elementos provenientes de creencias, representaciones e ideales de diversos manantiales del mundo). Todo ello es herencia del tantrismo que se practicaba y practica todavía tanto en India como en el Tíbet, conociendo sus maestros los maravillosos resultados que se obtienen de una práctica sexual bien ejecutada. Estas incluyeron ejercicios de respiración, mantras, posiciones especiales, etcétera, existiendo un sendero de la mano izquierda y otro de la mano derecha para llevar a cabo la sexualidad sagrada. Estas artes se han olvidado en los pueblos llanos, practicándose la sexualidad hoy de maneras irresponsables, viciosas y distantes a la divinidad luminosa. De hecho, la sexualidad sagrada continuó desarrollándose hermosamente en occidente a lo largo de la era común a través de sincretismos y eclecticismos tanto en los cátaros como en los templarios, incluso está ligada a la leyenda del amor entre Jesús y María Magdalena.

     Al amparo de estas viejas cosmovisiones y creencias, el hombre y la mujer pueden convertirse en semidioses en vida si llevan a cabo las artes amatorias de acuerdo a los sistemas y textos tántricos, pero hay que aclarar que muchos de los verdaderos manuscritos se encuentran todavía ocultos, no siendo precisamente los que hoy se exponen del todo a través de libros de autoayuda, grupos pseudotántricos o sectas. Blavatsky dijo haber observado en persona grandes bibliotecas protegidas y vedadas para el mundo en cavernas del Tíbet, después de que sus guardianes le dieran el pase. Todo saber elevado con el pasar de los milenios puede terminar degenerado, mal comprendido o básicamente olvidado. Lo importante de esta reflexión es que antes de la invención del tantra, ya en las primeras épocas prehistóricas o Edad de Piedra, junto con la Edad de los Metales, que incluyó la Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro, comenzaron los ritos sexuales, primando una libertad en tanto a la unión de cuerpos, sin las malformaciones de la moral actual, que más pueden llevar al trastorno mental que a la verdadera salud (es necesario indicar que la separación del espacio profano del sagrado comenzó para la especie Homo sapiens hace cien mil años, por lo tanto, era todavía la Edad de Piedra, puesto que la de los metales comenzó alrededor del 4000 a. C.). Aun así, sigo apoyando el hecho de que hoy no deben prestarse las gentes curiosas a relaciones sexuales casuales, bajo ese sentido apelo al sentido de civilización, debido a una serie de razones, siendo la más importante el empeñoso cuidado de la sagrada energía tántrica de cada persona, que no debe ser intercambiada de manera irresponsable con cualquier persona. Con lo recién dicho, se preguntará el lector el por qué avalo las practicas del ayer, pero no las de hoy en relación al sexo, explicándose en lo siguiente: otras predisposiciones mentales, del ambiente comunitario y de la naturaleza existían antes, donde la ejecución de tal proceder sexual estaban en armonía con esas dimensiones, mas hoy, aunque pase desapercibido, las mentalidades elementales de la naturaleza están en desconfianza con el ser humano, no existe el mismo equilibrio entre fuerzas en los distintos planos, entre otras razones, por ello, la práctica sexual grupal hoy no es lo mismo que como fue hace miles, cientos o millones de años; por lo anterior, en estos días es preferible llevar una sexualidad menos libertaria, y, en cambio, usando la libido o energía sexual innata para expandir el intelecto, el ingenio y la espiritualidad, lo cual también se acrecienta mediante el éxtasis que producen los resultados en el plano fenoménico, esto en lugar de alcanzarlo con la grupalidad sexual, salvo que se practique el camino tántrico con una única pareja a la manera antigua, siendo esta la única vía plausible a mi parecer para esta contemporaneidad. No avalo hoy la poligamia, por ser propagadora de enfermedades de transmisión sexual, por generar dobles, triples o más pautas de vida simultáneas y antipsicoterapéuticas, y porque, principalmente, ya no existe una alineación ideal del hombre con la naturaleza prístina, como he dicho, por tanto, hay que evitar el enloquecimiento. Pienso que la evolución dicha ha sido para bien, y que el ritual del maithuna, escenificación del viejo lingam-yoni en acción, debe hacerse con motivos sagrados y ocultos a la población general, de tal suerte podrá mantenerse incólume, cuidada la tradición y con su espiritualidad sin manchas. Solo para resumir, entonces hoy no conviene la libertad sexual del ayer, sino que con una única pareja conviene practicar la sexualidad sacra y de manera privada.

     Volviendo con el núcleo de esta reflexión, luego de la unión controlada y religiosa entre el hombre y la mujer para alcanzar la divinidad, que para los descendientes de Abel y Set se reduce únicamente con el dar a luz hijos de carne, nacieron otras formas de conexiones sagradas… pero ahora entre el hombre o la mujer, o incluso de un grupo más amplio, con algún Dios o Diosa en particular. En otras palabras, por medio de un ritual especial se podía y puede tener una relación sexual tanto objetiva como subjetiva, dependiendo del prisma del que la ejecuta o la observa desde fuera, con cualquier dios o diosa de algún panteón, de modo que los que lo llevaron a cabo pudieron alcanzar una intimidad con un ser celestial, viviendo cambios increíblemente profundos en sus estados de conciencia. Para ello, en distintas culturas y grupos mistéricos, hubo diferentes procedimientos que ahora no podría resumir, pero que se pueden resumir en la unión aislada o social del individuo con el dios o diosa, viviendo el estado extático de manera psíquica y corpórea. En el caso social, se hizo frente a un grupo humano que solía tocar cierta música ritual, junto con cánticos y ovaciones; para otros casos, la manera de efectuarlo era a través de una relación individual o grupal, donde unos representaban casi teatralmente a los humanos y otros a los dioses encarnados, cumpliendo estos últimos roles personas de elevada conciencia y moral comprobable socialmente. Muchos de estos ejemplos iconográficos los vemos en la arquitectura de varios templos de la India, los que impactan por sus motivos de relaciones sexuales desinhibidas y grupales. Por consiguiente, esta era la promesa de deificación de la humanidad sobre la faz del mundo, y más que haber fallado en su misión, lo que se fue consiguiendo es la ceguera y la formación de espinas de rosa ante el camino. La promesa de deificación del ser humano no era para después de la muerte, sino que era en la vida presente, y, por ende, se le debía el más sincero agradecimiento a los superiores que auspiciaron tal poder. Por otro lado, tomando la idea inicial de este párrafo, la descendencia de los otros dos hermanos de Caín, es decir, la de Abel, que erróneamente se dice que no tuvo descendencia, pero sí la tuvo, y la de Set (otro asunto es ver con quienes, puesto que después de sus nacimientos se inventaron las formas de hacer «erigir» otros seres humanos que les sirvieran de pareja, de modos absolutamente fantásticos), son los que hoy se reproducen, creando “hijos de la carne”, es decir, la sobrepoblación. El linaje espiritual de Caín también ha tenido descendencia, pero ha sido más sutil, no de ganado como la de sus hermanos. La línea de Caín también se ha abstenido de tener hijos, no necesitándolos, y cuando los dan a luz, son seres mucho más especiales y elevados que los hijos de la carne de Abel y de Set, que son parte del montón, que son seres poco relevantes, de esos que siguen el ritmo de la masa y que son anticríticos, los que fatídicamente hoy son la mayoría.

     El ser humano, con el pasar de las centurias y entrando ya en la modernidad, negó a los dioses y los relegó al olvido, si es que en otros casos no los degeneró. Aun así, esto se hizo siempre en la historia de la humanidad, pues cuando un imperio invadía a otro, convertía a los dioses supremos del panteón vencido en demonios o dioses humillados, imponiendo sus propios dioses como superiores a aquellos. El mal de nuestra época es que los nuevos dioses son la tecnología, los ídolos humanos de la música, del cine y otros medios, junto con otras baratijas pseudodivinizadas, dejando de lado totalmente el influjo de los grandes y verdaderos dioses que todavía desde arriba nos observan con amor, paciencia y esperanza. Volviendo a la edad remota, metahistórica y legendaria, después de la destrucción de los andróginos, hubo un tiempo en que el hombre y la mujer jugaron correctamente el papel de la sexualidad, antes bien, con el pasar de los milenios, la humanidad se equivocó en el camino que escogió. Bien es cierto que la Tierra reaccionó al influjo santo del pensamiento surgido en el acto sexual mágico y sagrado, manteniendo bajo protección a los puros de alma, quienes sobrevivieron a las grandes catástrofes, permitido así con el fin de seguir transmitiendo la ciencia traída desde Venus hace millones de años, como decían los teósofos en sus primeros años, idea sumamente fabulosa que recae en la ficción, o en la realidad para los ocultistas que lo sepan y lo crean. Los desastres naturales, entonces, solían sepultar a las masas de individuos que no aportaron en nada al mundo, esto a través de las fauces bestiales de las transformaciones de los continentes. Hubo una evolución e historia del recorrido de distintas razas raíces de colores de las que la teosofía y el Libro de Urantia ya escribieron, cada uno a sus maneras; la pureza espiritual de esas razas está extinta, pero los descendientes de algunos linajes pueden encontrarse en las actuales.

     Salvo todo lo contado previamente, en esta contemporaneidad las condiciones han cambiado, el hombre confió demasiado en sus dones y empezó a destruir sus creaciones, cayó en el abismo de la conciencia, están perdidos, y renegaron de los tronos que les tenían destinados los dioses en los Campos Elíseos. Si bien estos Campos están eternamente presentes en el plano del más allá, solo están reservados a unos pocos, es decir, a los que entendieron estas maneras de pensar, estas ciencias y artes antiguas, a los que contemplaron con el ojo invisible, a los que oyeron el susurrar de la intuición dentro de sí, a los que descifraron el lenguaje subliminal de los astros, de los elementos de la tierra en que habita y de los que se hallan en el fondo de su alma en conexión con su espíritu. En definitiva, los secretos todavía se esconden en el inconsciente, ahí aparecen en las regiones más profundas del laberinto las señales y los símbolos que nos recuerdan un pasado de perfección y dominio. Esos tesoros son los arquetipos universales, que no solo están afuera, en lo nouménico, sino que, dentro de cada ser humano, esperando ser encontrados y utilizados en favor de la vida por unos pocos elegidos por ellos. Las claves del inconsciente, llamado subconsciente por otras corrientes (como por la mitografía, poesía, ocultismo, filosofías místicas de oriente y occidente, textos sobre espiritualidad y meditación, etcétera), nos entregan los pasos para seguir el correcto camino. Esa ‘no-conciencia’ nos ilumina el sendero de retorno por medio del reconocimiento y el autorreconocimiento de las pulsiones más instintivas de nuestro Yo. El Yo es el No-Yo para nuestras épocas actuales, el No-Yo no era el Yo para los Antiguos. Jung demostró en sus investigaciones que pacientes diagnosticados de psicosis o neurosis nerviosa, presentaban por medio de escritura automática y dibujos de símbolos del inconsciente, la adoración antigua al Sol, astro rey adorado por múltiples civilizaciones, un ejemplo cercano lo vemos en la cruz mapuche, plasmada en el instrumento del kultrún, junto con la adoración de los incas, mayas, aztecas, egipcios, indoarios y más.

     Llegando al momento más sustancial, mencionamos que existen dos tipos de genéticas: la genética biológica como tal y la filogenética. La primera, como he adelantado, se refiere a la herencia corporal, fisiológica, orgánica, transmitida por generaciones a través de los árboles familiares. La segunda, la filogenética, refiere a la misma herencia, pero tan solo de la estructura psíquica. En aquella última tenemos dos vertientes de estudio, puesto que existe una filogenética de la conciencia y una filogenética de la inconsciencia, lo que no es necesario de ser explicado ahora con ahínco, instando al lector a que averigüe la diferencia entre ambas, mas, en resumen, la conciencia refiere al uso del pensamiento de forma racional, y la inconsciencia a lo que pasa por debajo de ese procedimiento, por ello, tiene un carácter atingente a lo desconocido, a lo misterioso, a no ser que «se haga consciente lo inconsciente», como dicta tal axioma ya bastante clásico. De modo que, si vamos más allá de nuestra constelación familiar, podemos a través de la filogenética encontrar los rostros y máscaras del ambiente, de la sociedad y la cultura en que se desarrollaron las consciencias o inconsciencias en cuestión. Siempre, por debajo de la conciencia y pareciera ser desde el origen de los tiempos con el nacimiento del sapiens, hubo desarrollándose otra consciencia residual u oculta, significando esto, además, que existen varias capas de conciencias y pensamientos, como lo ha postulado el budismo y el hinduismo, para ello invito al lector a que amplíe su mente en relación a las facultades de la mente, las cuales han sido interpretadas de distinto modo en los diversos sectores del globo.

     Una filogenética de la inconsciencia apela a toda una amplísima carga arquetipal, simbólica, figurativa, onírica, mística, cultural y más, que ha pasado primeramente por los vislumbres de la conciencia despierta, pero que en distintos márgenes de tiempo ha ido quedado relegada a una especie de «olvido», almacenándose en una metafórica biblioteca y, por ende, volviéndose inconsciente. Los márgenes de tiempo en que algo se mantiene consciente y luego pasa a inconsciente varía en millones de posibilidades. Siguiendo la alusión de la estantería, mucho es el material que se va archivando día tras día, año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, en la inconsciencia tanto del individuo como de la humanidad en su conjunto. Otro punto para indicar, pero no para profundizar, es la presencia de una inconsciencia tanto individual, otra familiar, otra social, otra cultural y otras mucho más grandes, existiendo una inconsciencia o ‘subconsciencia’ mundial en su completitud, equiparable al plano astral para ciertos ocultistas, o más precisamente a la “luz astral”, unidad analítica de esta disciplina. Es por eso que el adepto que ha entrenado profundamente su mente puede entrar al «archivo», «biblioteca» o «reservorio» de información del inconsciente personal, familiar, social, cultural y, un poco más allá, al colectivo universal, ya sea para los fines que estime conveniente. Pero, en una primera instancia, los interesados pueden conformarse con entender la filogenética del inconsciente que les corresponde primero a sus propios ‘yo’ y al de sus árboles familiares, antes de pasar a empresas tan grandes y exigentes, como entender las inconsciencias culturales, de las grandes civilizaciones y del mundo entero. A su vez, esta exploración mental es plausible en las tres dimensiones del tiempo, o sea, pasado, presente y futuro (porque a partir de cómo ocurrió y ocurre algo, es posible determinar qué ocurrirá en el mañana), además, en las tres concepciones del tiempo griego, a saber, Kairós, Cronos y Aión. Aquel es un proceso que se revela a través de la imaginación controlada, del raciocinio, el discernimiento y la lengua de la intuición, a su vez, del “oráculo interior”. Con todo, el escéptico puede burlarse ingenuamente, mientras otros se regocijan disfrutando de su divinidad psicológica, de su contacto directo con los dioses y los arquetipos primigenios, gozando de las delicias de tales nexos, del intercambio sutil de saberes y conocimientos, nutriéndose del manantial del Uno en su propio ser, de modo que los problemas mundanos adquieren un carácter débil y poco relevante.

     Para ilustrar nuevamente con la psicología analítica junguiana, aquí se ha considerado al Sol como un símbolo de la libido, de la corriente sexual que mueve la vida. Simbolismo que se revela desde la filogenética del inconsciente, puente con el inconsciente colectivo de la humanidad, demostrando atisbos de las motivaciones y júbilos de las razas ubicadas en distintos lugares del orbe que adoraron la fuerza común del sol. Por ello, podemos decir que paralelamente a la sexualidad sagrada, estuvo el culto al sol y a la luna, que tanto están emparentados desde las filosofías ocultas con el cuerpo humano, asimismo con los géneros. La sexualidad estuvo ligada a los cuerpos celestes y a las estrellas, puesto que muchos de esos ritos consagrados a las constelaciones tuvieron un cariz sexual. El sol es lo fálico, la luna la vulva, el culto al sol es el culto a la penetración del sol sobre la luna, o sea, del genital masculino dentro del femenino. El culto a la luna no solo es la veneración del receptáculo genital, sino que también a todas las características de la femineidad, así como la adoración al sol lo es con las cualidades de la masculinidad, nada debe reducirse a lo básico. Esto se explica por sí solo, así que no seguiré ahondando en tales nociones.

     Retomando con la idea introductoria, el ser humano actual recuerda y siente el llamado de un impulso que lo lleva a una acción ‘descontrolada’, un acto a la vez ‘indisciplinado’ que lo puede encaminar hacia la satisfacción más primitiva que su cuerpo demanda, siendo de carácter primario o animal, para ilustrar mejor. El impedimento del libre caudal de dichas corrientes naturales genera las neurosis, psicosis y perversiones de los descubrimientos psicológicos, psiquiátricos y psicoanalíticos. Sin duda que debido al desconocimiento e ignorancia de parte de la educación y la moral construida de las sociedades estamos, en apariencia, imposibilitados de optar al verdadero saber, pero no hace falta más que un examen dialéctico y un encadenamiento de ‘esencias’ por medio del ‘recuerdo’ con los espíritus del ayer para comprender la sustancia del espíritu del futuro.

     La «ilusión», en otras palabras, lo «mayávico» (castellanización alusiva al espectro del “maya”: माया), está presente totalmente en nuestra actual civilización mundial, concepto también poético que debe ser trascendido, pasando del estado de ceguera al de visualización del reconocimiento de nuestras naturalezas como especie, de la metahistoria del pasado de la humanidad y del mundo, entre otras metas. Los budistas dicen que más allá de “mara” (término similar al de “maya”) se encuentra la vacuidad, es decir, el vacío, pero yo digo que más allá de la niebla de la ilusión se encuentran los dioses y los arquetipos, esperando ser reconocidos en el interior de cada uno, también en el interior de las vastas culturas por medio del estudio de la “psiquis-social”, por así reducirlo. Por ello y dando un salto hacia la política, sirviéndonos del comodín de que “todo es político”, declaro que el nacionalismo es la mejor vía para los países de Hispanoamérica, idea que tocaré en unas líneas más. Por consiguiente, la «ilusión» ha surgido cuando se interpretó la ‘realidad de las cosas y las esencias’ a partir de creaciones mentales erróneas, o sea, fantasías fuera del espacio-tiempo auténtico que realmente acontece más allá de la nebulosidad de la ignorancia y el orgullo, lo que obedece a una forma de pensar desacomodada en relación a la «natura naturans» y «natura naturata» de Spinoza, diferente a como fue en períodos originarios, en los cuales existió una manera de imaginar y reflexionar en consonancia con el entorno, técnica que hasta hoy nos pertenece y sobre la cual tenemos tanto propiedad como potestad. Es importante que se re-aprenda tal técnica nuevamente, siendo bastante sencilla si es necesario enseñarla, debiéndose aplicar por sobre todo para el territorio donde uno nació. De lo inventado no tenemos poder, de lo que es inherente sí tenemos poder. Pero del atavismo mental sexual solo hay que rescatar la teoría y el conocimiento de lo que fue, y no necesariamente encarnarlo en la cotidianidad, salvo bajo las condiciones ya dichas a lo largo de toda esta reflexión, que refirieron a la arqueología del inconsciente, al reconocimiento cultural y de la humanidad a través del “oráculo interior”, y de la practica sexual sagrada privada y monogámica. Otra cosa es la «técnica» de armonizarse con la naturaleza recién indicada, de modo que debemos relacionar la psicología individual y social precisamente con el ecosistema del lugar por donde se desenvuelven, o sea, es una «psicología-telúrica»; en Chile, debemos entender el carácter del chileno en virtud de la geología, o sea, nuestro temperamento debe verse a la luz de la Cordillera de los Andes, del gigantesco océano que nos baña, de los distintos tipos de climas que existen a lo largo del país, de las leyendas y mitos de sus lagos, ríos, montañas, pueblos y ciudades, de los astros que solo figuran en el hemisferio sur del mundo, como la Cruz del Sur, entre otras características que definen el por qué somos como somos; todo ello nos lleva a una filosofía profunda que permite encontrar respuestas y resolver interrogantes que están relegadas hoy, pero que al resucitarlas se convierten en la solución a todas las contingencias nacionales.

    Retomando con la idea política, el nacionalismo es la única corriente directriz de los Estados y naciones que tiene una estrecha conexión con el enraizamiento, con el amor a la patria y al espíritu tanto de nuestros territorios como de nuestros predecesores, por ello, es la salvación ante la decadencia hispanoamericana, esperando que algún día pueda yo promover esta corriente “político-psicológica” lo suficiente sin que se asocie en absoluto a otras formas autoritarias de nacionalismo que han existido a lo largo de la historia antigua y reciente: simplemente, es tener interés, afán de conocer y de encarnar con orgullo el espíritu mixto proveniente de la sangre criolla, que aúna las filogenias de las conciencias e inconsciencias tanto indígenas como europeas de las que somos acreedores, reconocimiento que nos otorga y otorgará una verdadera y robusta identidad a los distintos países del cono sur, alimentándose con la bondad inalcanzable que reluce a través de nuestros ojos enaltecidos por la experiencia milenaria de ambos continentes condensados en un mismo ser, que a través de un solo corazón extiende el manto protector de su “yo” sobre el mundo.

     A nivel psíquico, al existir la pulsión sexual que nos lleva a la acción de concretar el acto tanto en la imaginación como en lo concreto, o sea, hacia la satisfacción de nuestro objeto de deseo, comprobamos en ese instante que existen y emanan de nuestras profundidades unas fuerzas instintivas recias que nos permiten movernos en la naturaleza con la libertad que tanto anhelamos como especie Homo más allá de la simbolización civilizadora, es decir, estamos ante el “ello”, planteado por Freud y sus discípulos, y del que hacemos uso ahora a nuestra manera, pero igualmente fieles a la intención original del neurólogo austríaco. Por un lado, este psicoanalítico “ello” es realmente la serpiente Kundalini, enroscada tres veces y media en el centro sexual de Muladhara, representado como una flor de loto roja con cuatro pétalos. Por otro lado, nos encontramos en el “superyó” con la tradición valórica y moral de nuestros antepasados, de igual manera con las costumbres y reglas traídas desde generaciones a través de las diferentes ramificaciones sanguíneas, genéticas y filogenéticas de la familia, y, si vamos más allá, de la cultura y la humanidad a través de la ‘historia del control de los impulsos primitivos’. Pasando primeramente desde los ancestros, fundadores de linajes de la tierra, insertos en protosociedades y protoculturas en particular, y, secundariamente, hasta nuestros abuelos y padres, que portan el “superyó” más directo para nosotros. Es posible desprender de aquí una enseñanza o incluso un axioma: ‘todo lo que es individual es susceptible de ser extendido a algo mucho más amplio hacia el pasado’, siguiendo también los postulados de Jung, pero cuyas inspiraciones para el psiquiatra suizo ya se venían sugiriendo desde mucho antes por cosmovisiones, mitologías, mistagogos, artistas, filósofos, alquimistas, magos, médicos, oradores, legisladores y otros escritores.

     Para ir concluyendo, en los tiempos actuales la presión ética y social ha impedido el libre desenvolvimiento ‘animal’ del ser humano, las normas que rigen las sociedades para el buen comportamiento han restringido la esencia que hemos referido en esta reflexión. Aún queda un extracto de poligamia en el trasfondo de nuestros deseos y fantasías. En otro ángulo, fenómenos suscitados por las insatisfacciones producto de rechazos sociales debido a modas o por la inseguridad que ha conseguido el cuerpo en su dificultad de amarse tal y como es, junto con la ausencia de una evacuación de la psiquis de forma trasparente, inocente y confiada mediante el verbo y el acto, mantiene histéricas, neuróticas y psicóticas a las personas, sus almas no logran observar para dónde va el camino, tampoco la solución de sus problemas, por ende, no logran esclarecer el futuro, sufriendo por no poder controlar lo que el destino universal les depara y sin las herramientas suficientes como para construir la otra porción de destino que por antonomasia le pertenece al ser humano. La naturaleza ha tenido que continuar su trabajo, pese a que el hombre ha hecho caso omiso de ella.

     Siguiendo tal curso de cosas, se ha permitido equivocadamente que los magnetismos de los cuerpos celestes, satélites y astros vecinos dirijan al planeta y sus habitantes, es decir, las fuerzas zodiacales están controlando el actuar humano con creces en esta actualidad. Si bien los dioses planetarios dirigen el pensamiento y comportamiento humano, al contrario de lo que se cree, la persona no debe afianzarse a ellos y sus complejas dramaturgias cósmicas, sino que debe desanudarse de ellos, en otras palabras, un verdadero Vīrya o Übermensch no debe permitir que los astros dirijan su destino, por esta razón no debe consentir los dictámenes de los horóscopos tan populares hoy, solo puede admitirlos en el orden del entretenimiento, pero, al fin y al cabo, no debe guiar ni entender su vida a través de ellos. Sí puede servirse de la Carta Astral o Natal para entender el drama cósmico al que está sometido por las simpatías y animosidades entre las deidades estelares, pero solo para aprender a auto-desencadenarse de las mismas. Lo que el ser humano debería entrenar es la técnica del Tulku, además de librarse del yugo del zodíaco, solo así se transformará en un verdadero semidiós en vida. Bajo otra óptica, es así que las fuerzas ‘mentales’ de estos dioses plantarios quieren dirigir a los que nacieron bajo sus influencias, puesto que las relaciones entre ellos así como estaban sucediendo justo al momento del nacimiento del individuo quedan impresas de inmediato en su alma, empero, debe en vida y conscientemente desarticular esa afiliación y convertirse en el artífice de él mismo, o sea, en su propio ‘cosmos’, sin depender de la conciencia de dioses que nos quieren mantener atados a lo mecánico, lo cual impide o retrasa la evolución del ser humano en semidivino, y de semidivino en dios, que es el escalamiento que nos corresponde. Una serie de ciclos cósmicos, astronómicos y astrofísicos nos mantienen atrapados en el ya conocido Samsara, que es el sistema de ciclación de nacimientos, vidas, muertes y encarnaciones: debemos trascender la rueda samsárica en esta misma vida, sin esperar a que sea en otra, para que así dejemos de lado este mundo material y pasemos a otras misiones que por evolución nos corresponden, como nos han legado las cosmovisiones orientales, siendo nuestro espíritu el que vive la experiencia, no el alma y menos el cuerpo.

     La tradición habla de un período de caos y oscuridad actual, que se corresponde con el último ciclo de los yugas hindúes, llamado Kali-yuga, estando la tierra a la espera de un Kalki salvador, que vendría a ser la décima encarnación de Visnú. Algunos, de manera bien llamativa, han postulado que el Kali-yuga se ha acabado, de modo que yo espero pruebas avatáricas que lo acrediten. Más allá de la fatalidad inherente a este yuga, que, por lo demás no refiere a la diosa Kali, vale recalcar que siempre de todo Caos se realza un Orden, una nueva Era Dorada o Edad de Saturno como le llamaron los griegos, donde debiésemos encarnar y proclamar un nuevo modo de ser, sentir y comportarnos, que es el retorno a lo primigenio aquí abordado, o bien la germinación de una esencia prístina mejorada, aprendiendo de las falencias y superándolas. Desde un punto de vista psicológico, debemos interpretar la Edad de Oro que se avecina como un territorio despejado, una página en blanco donde la pasión, el deseo y el instinto comedido afloren en la piel, y, con ello, aflorarán los jardines que decoran la diadema del mundo.

Imagen portada: representa la etapa de la «fermentatio» como Hieros Gamos, tallada en madera en el manuscrito ilustrado Rosarium philosophorum sive pretiosissimum donum Dei (Frankfurt, 1550), de autor desconocido. Imagen coloreada.

Fecha original de la versión 1: 20 de marzo de 2019.

Revisado y publicado en este portal: 27 de junio de 2025.

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