Homenaje a Diego Jesús Olivares

Hoy, 10 de abril de 2026, se cumple un mes del fallecimiento de nuestro amado Diego Jesús Olivares Olivares, cuyo alias artístico es GI.BIL.

Además de ser una persona incondicional para quien escribe, a saber, Felipe De Lucas Arellano, Diego formó parte del proyecto de Psicodivum y del Círculo Mitológico Kénos-Kwányip desde sus inicios.

Diego Jesús Olivares, nacido un 27 de agosto de 1991 en la ciudad de Quilpué, era una persona maravillosa en todos los sentidos y dimensiones de su ser. Solamente a un nivel material, para ilustrar un poco de su biografía, era Diseñador Gráfico de la Universidad Viña del Mar, Técnico en Logística del CFT de Viña del Mar, que en sus tiempos era de la Universidad de Valparaíso, además de otras ocupaciones que tenía, como la de ser bartender profesional por hobbie, de la Bar Academy.

Junto con lo anterior, pero mucho más importante que ello, Diego Jesús fue un artista completo, vanguardista, rupturista, innovador, atrevido y con la imaginación más amplia de todo el espectro de personas que he conocido en mi vida. Era ilustrador profesional y tradicional, dejándonos al menos unos 30 a 40 dibujos y bocetos impresionantes para la posteridad, muchos de ellos de grandes dimensiones, por ejemplo, de más de 140 cms. de largo y 100 cms. de ancho. También fue poeta, escribiendo un libro de 160 páginas de poesía que tenía planificado publicar este año 2026, pero que no alcanzó.

Le encantaba la astronomía, la ciencia, la biología. Era diseñador gráfico «de autor», es decir, diseñaba lo que su corazón le decía, entre ellos, numerosos mandalas y multitudes de símbolos personales, también confeccionó artísticamente su propia visión de las estrellas del firmamento con la tecnología gráfica, entre otros proyectos que él llevaba desde hacía años. A su vez, era experto en teoría del color, fascinándonos siempre con sus intervenciones sobre las mezclas de matices y paletas en las distintas texturas naturales o artificiales con que se topaba cotidianamente, identificaciones que no podrían ser fácilmente observadas por un neófito en la materia. Inventó incluso un idioma, hermoso en la composición de cada letra, dejándonos mensajes, historias y poemas a través del mismo que requieren de laboriosos desciframientos. Fue florista, habiendo aprendido el difícil arte de hacer arreglos florares, lo que no es tan simple como parece; se caracterizó por vender la «rosa eterna», que es una extraña flor que vive para siempre debido a su mezcla con unos químicos especiales, los clientes de muchas comunas lo buscaban para adquirir ese raro y exclusivo producto. Es por ello que yo y sus cercanos le considerábamos como un Da Vinci.

Fue inventor, amante de los mitos y de las leyendas tanto aborígenes como citadinas, tribales e imperiales desde la más temprana infancia, los cuales fueron plasmados por su pluma y su trazo, haciendo dibujos nunca antes vistos en Chile sobre el folclor nacional. La escasez artística de representaciones de personajes como el Diablo chileno o la poco conocida Virgen de los Hielos, fueron inmortalizados por Diego de manera audaz, perfecta y sumamente detallada.

Le entretenían mucho las historias de terror e inexplicables, las de apariciones y los videojuegos de lucha y zombies; incansable observador de películas y series de calidad; fiel seguidor de la música experimental, de nicho, de autor y ecológica. Cada día, de manera infaltable, se informaba con las últimas noticias en ciencias, artes y actualidad geopolítica del mundo. También fue coleccionista de piedras exóticas de varias partes del globo, comprendiendo las propiedades mágicas y magnéticas de las mismas, de igual modo que podía fácil y curiosamente encontrar oro en los ríos. Sumado a lo precedente, conocía profundamente las propiedades curadoras de las plantas, flores, hierbas, hojas de árboles y especias, haciendo uso de ellas por el bien de sus más cercanos.

Diego tenía demasiado para ofrecer al mundo, en todo el largo camino que todavía le esperaba, a no ser que el destino estuviera escrito con anticipación a nuestra encarnación en el mundo.

Esto es bastante poco para describir la esencia, talentos, valores, cualidades y bellezas de Diego Jesús. Por lo demás era una de las mejores personas que había conocido en mi vida, considerando que he frecuentado muchos ambientes. Diego siempre sorprendió por su ayuda desinteresada al otro y por su amor al mundo, a la naturaleza y a la humanidad.

Diego tenía dones y poderes, es decir, tenía muchos siddhis activados como dicen los indostanes. Era un excelente amigo, amante de los bosques, de las montañas, de los terrenos áridos y húmedos, aunque más fanático de la lluvia y de los fríos. Fue un ferviente trekkinista o senderista, que con la fuerza de su ímpetu por escalar superaba a cualquier persona; de allí que yo considerara que él tenía el vigor de «dos hombres dentro». Tenía una extraordinaria brújula mental, lo que fue identificado por muchos, ya que podía ubicarse en laberínticos y complejos senderos una vez caída la noche como durante el día, asimismo en ciudades como en campos que le eran nuevos. También fue animalista, por sobre todo de los felinos. Fue un hombre sincero de alma, como todos los que lo conocíamos podemos aseverar.

Era un viajero, había vivido en México, Rapa Nui, Argentina y había conocido una buena cantidad de Chile: su amado país. De allí que podemos considerarlo perfectamente como un camarada nacionalista, teniendo una pasión profunda por nuestra geografía y las producciones de la imaginación de nuestra cultura, tanto de la actual como de la ancestral.

Tenía un alma pura y transparente, siendo también protector, amante de los placeres y de las cosas sencillas de la existencia, generoso, ingenioso, místico y sumamente misterioso, pues el relato de su vida era el de un mito que caminaba entre nosotros, y que pronto debía volver al reino que le pertenecía. La explicación de toda su historicidad era mítica, lo que entre bromas o juicios racionales, se traducía en una hipnotización hacia su entorno, devolviéndose en el amor perpetuo que la comunidad tenía hacia Diego, tanto por su originalidad como por su llamativa apariencia, su arte y creatividad, pero por sobre todo debido a su manera de ser.

Su estilo era singular, pues ostentaba largas rastas rubias hasta más abajo de la cintura, las cuales llamaban la atención de todas las personas, a la vez que lucía anillos diversos, amuletos, pañoletas de colores, pendientes de serpientes, tatuajes en la piel, ropas diferentes y más. Diego decía metafóricamente que venía del océano, teniendo un interés específico en los pincoy, que son seres marinos masculinos y sirenos de nuestro folclor chilote. En otras épocas se había dejado largos cabellos castaños también hasta la cintura, los que bamboleaban brillantes ante el viento, entre otros peinados y aspectos.

Diego Jesús era único y lo seguirá siendo para siempre. Amaba el «mundo invisible», allí donde los mitos cobran vida, plano que se interrelaciona constantemente con el nuestro, es decir, el físico o fenoménico, y siempre Diego estaba presto a ver «más allá», o sea, «donde los otros no pueden ver». De allí que fuera un verdadero mago, un brujo blanco, una persona elevada, lo que fomentó nuestra unión. Era amigo de todo el mundo, sin importarle la clase socioeconómica, sociocultural, raza y credo, de allí que se llevara bien con los ricos, intelectuales y artistas, hasta con los vendedores callejeros, adictos, enloquecidos y personas en situación de calle. Fue un hombre libre, buena persona, prudente, introvertido y extrovertido a la vez, gracioso sin fin, formidable para las bromas, para las imitaciones de dialectos extranjeros, las ocurrencias y las risas, de allí que fuese el alma de la fiesta, además de apoyador y excelente pareja.

Pese a toda la Vida, Arte y Belleza que él manifestaba con absoluta naturalidad, tenía un carácter fuerte en el fondo, que siempre se asomaba si observaba alguna injusticia en el mundo; es aquella firmeza de temperamento la que el ser humano necesita para moverse en este mundo de dificultades y personas oscuras. La suma de todo lo anterior, más su valentía, temeridad y fortaleza de identidad, carácter, temperamento e inteligencia, le convertían en un ser muy especial, que no es comparable a nadie que yo haya conocido en mis amplios círculos sociales a lo largo de mi vida. De allí que él dejara una huella para siempre, no solo en mí, sino que en toda una amplia comunidad que lo amaba.

Diego fue el encargado de hacer andar Psicodivum desde la parte estética, pues fue el diseñador gráfico oficial de la marca, diseñando desde el momento 0 todo el branding y todos los diseños gráficos de este consultorio, haya sido desde los anuncios, pasando por las tarjetas de presentación, los diseños de templos, flores, arbustos, marcos, simbología, figuraciones, alegorizaciones y más, dejando a la posteridad más de 150 diseños sobre esta marca llamada Psicodivum. Su innovación le llevó a crear una marca con diseños metálicos que debían asemejarse al metal aúrico, por solicitud mía, y creó el maravilloso diseño del sol con las nubes que sostiene el nombre de este emprendimiento. También hizo los diseños de todas las plataformas web y redes sociales de la familia de marcas. También él dibujó las ilustraciones que irán en el libro que publicaré este año, pero, quedando el dibujo de portada incompleto, pero que de todas formas será colocado.

También trabajó para otras empresas privadas y personas naturales, dejando una muy buena impresión de su arte en todos los clientes que tuvo. Lo anterior, no solo por la calidad de sus diseños y de su trabajo, sino que también por la calidez profunda de su persona, y por las entrenadas capacidades interpersonales e intrapersonales que tenía, dejando usualmente sorprendidos a todos. Es por ello que, a ojos del mundo, tenía una gran amabilidad, liviandad de sangre, sociabilidad, respeto, mesura y lo que se conoce como «buena vibra». Diego era feliz, vivió la vida a su manera y nos enseñó a todos valores profundos; nos traspasó su misticismo onírico, telúrico, mitológico, legendario, y modificó positivamente todas las atmósferas de cada entorno que frecuentaba.

Esto es poco para describir las maravillas de Diego, quien nos ha dejado desolados y desamparados con su prematura partida, teniendo tan solo 34 años de edad. Con el doble de años en esta tierra habría dejado muchas más grandes obras, habría alcanzado renombre e incluso fama, pero no pudo ser, y ese es el gran dolor que ha dejado, entre otros muchos más. Ha dejado Diego un vacío inconmensurable, que debe ser llenado de algún modo por la irradiación de su legado y el honor a su respetable memoria.

Todas las entidades de los otros mundos que él amaba, que le dictaban lo que debía dibujar y plasmar al espectador, lo amaron tanto como nosotros los mortales, y lo raptaron para esos mundos donde impera una espiritualidad para nosotros aún incognoscible. Sin duda que era un nahual, de allí su enigma, cuyo alter ego era el zorro chileno. Solía subir a las cumbres de los cerros y montañas para rezar u orar por las ciudades, aliviando los problemas de sus habitantes, al son de fogatas y rituales de unión con el Todo.

Tengamos a Diego, los que lo conocimos y los que lo conocerán mientras yo esté vivo, siempre con su hermosa presencia en nuestras mentes y en nuestros corazones. Como le prometí en vida, haré que su arte y su pluma recorran cada hemisferio del mundo, para que sea apreciado por millones, tal cual como él lo merecía. Espero poder rendir suficientemente con tan mayúscula hazaña. Agradezco que el destino y el universo haya juntado nuestros caminos por el tiempo que estuvimos unidos, causalidad enigmática por el propósito de mejoramiento del mundo.

Te amamos y te amaremos por siempre, hasta el fin de la eternidad, hasta que podamos abrazarnos nuevamente en esos mundos invisibles donde siempre él se asomaba para tomar inspiración, dimensiones donde también nos asomábamos sus más cercanos, justificándose así nuestras correspondencias.

Cuando transitemos los que aquí quedamos al otro plano, y al reencontrarnos contigo allí en un futuro, podremos maravillarnos incesantemente por la magnificencia de las composiciones de la mística naturaleza, del cosmos y de la divinidad en todas sus formas, perpetuando lo mismo que hacíamos aquí en el mundo material…

…no obstante, en esa infinidad lo haremos hasta que caiga la última estrella de la noche, jugando y disfrutando sin límites, mientras frente a la visión de nuestras chispas de pura luz, gira sonriéndonos el sempiterno Uróboros: la Gran Serpiente Forjadora de los Mundos, de los Ciclos Cósmicos y de la misma Eternidad, aquella que muerde su propia cola

...pudiendo experimentar de nuevo lo felices y dichosos que fuimos juntos en aquel paso por la tierra firme, tú y yo, y lo felices que seremos para toda la eternidad cuando compartamos el estado incorpóreo, metafísico e ilimitado.

Siempre tuyo, siempre tuyos, siempre mío, siempre nuestro.

Diego Jesús Olivares Olivares
(Quilpué, 27 de agosto de 1991 – Viña del Mar, 10 de marzo de 2026)



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