“En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización” – Andreas Huyssen
Reseña al primer capítulo: «Pretéritos presentes: medios, política, amnesia»[1]
Reseña al primer capítulo
Autor: Felipe De Lucas A.
Comienza Huyssen señalando que uno de los fenómenos culturales y políticos más notables de los últimos años es el surgimiento de la memoria como una preocupación central de la cultura y de la política de las sociedades occidentales, un giro hacia el pasado que contrasta de manera notable con la tendencia a privilegiar el futuro, tan característica de las primeras décadas de la modernidad del siglo XX. Desde la década de 1980 el foco parecería haber pasado de los futuros presentes a los pretéritos presentes.
Por otra parte, el tiempo y el espacio —categorías de la percepción de raíz histórica y de fundamental contingencia— siempre están estrechamente ligados de manera compleja; prueba de ello es la intensidad de los discursos de la memoria presentes por doquier más allá de las fronteras, tan característicos de la cultura contemporánea en los más diversos lugares del mundo. Discursos de la memoria de nuevo cuño surgieron en Occidente después de la década de 1960 como consecuencia de la descolonización y de los nuevos movimientos sociales que buscaban historiografías alternativas y revisionistas.
En relación a la «cultura de la memoria», esta viene surgiendo desde hace bastante tiempo en esas sociedades por obra del marketing cada vez más exitoso de la industria cultural occidental, en el contexto de lo que la sociología de la cultura alemana denominó Erlebnisgesellschaft. En otras regiones del mundo, esa cultura de la memoria cobra una inflexión explícitamente política. Pero, como dice Huyssen, no siempre resulta fácil trazar la línea que separa el pasado mítico del pasado real, que, sea donde fuere, es una de las encrucijadas que se plantean a toda la política de la memoria. Lo real puede ser mitologizado de la misma manera en que lo mítico puede engendrar fuertes efectos de realidad. Paralelamente, resulta importante reconocer que mientras los discursos de la memoria en cierto registro parecen ser globales, en el fondo siguen ligados a las historias de naciones y estados específicos.
Más adelante, el autor destaca que más allá de las diferencias entre la Alemania de posguerra y Sudáfrica, la Argentina o Chile, el ámbito político de las prácticas de la memoria sigue siendo nacional, no posnacional o global. Por más diferentes y específicas que sean las causas en cada lugar, eso indica que la globalización y la fuerte revisión de los respectivos pasados nacionales, regionales o locales deben ser pensados de manera conjunta. De aquí se desprende la pregunta sobre si las culturas de la memoria contemporáneas pueden ser interpretadas en general como formaciones reactivas a la globalización económica. Si en Occidente la conciencia del tiempo de la alta modernidad buscaba asegurar el futuro, podría argumentarse que la conciencia del tiempo de fines del siglo XX implica la tarea no menos riesgosa de asumir la responsabilidad por el pasado. En consecuencia, de aquí se desprende una paradoja sobre el giro hacia la memoria y hacia el pasado, pues son cada vez más los críticos acusan a la cultura de la memoria contemporánea de amnesia, de anestesia o de obnubilación. La acusación de amnesia viene envuelta invariablemente en una crítica de los medios, cuando son precisamente esos medios los que día a día nos dan acceso a cada vez más memoria.
Avanzando en nuestro razonamiento, una primera hipótesis del autor es que intentamos contrarrestar el miedo y el riesgo del olvido por medio de estrategias de supervivencia basadas en una “memorialización” consistente en erigir recordatorios públicos y privados. El giro hacia la memoria recibe un impulso subliminal del deseo de anclarnos en un mundo caracterizado por una creciente inestabilidad del tiempo y por la facturación del espacio en el que vivimos. Al mismo tiempo, sabemos que incluso este tipo de estrategias de memorialización pueden terminar siendo transitorias e incompletas.
Otra idea de esta hipótesis es que incluso en este predominio de la mnemohistoria, la memoria y la musealización son invocadas para que se constituyan en un baluarte que nos defienda del miedo a que las cosas devengan obsoletas y desaparezcan, un baluarte que nos proteja de la profunda angustia que nos genera la velocidad del cambio y los horizontes del tiempo y espacio cada vez más estrechos. La musealización misma es arrastrada por el torbellino que genera la circulación cada vez más veloz de imágenes, espectáculos, acontecimientos; y por eso siempre corre el riesgo de perder su capacidad de garantizar una estabilidad cultural a lo largo del tiempo.
Las culturas de la memoria se relacionan estrechamente, en muchos lugares del mundo, con procesos democratizadores y con luchas por los derechos humanos que buscan expandir y fortalecer las esferas públicas de la sociedad civil. Con ello, reducir la velocidad en lugar de acelerar, expandir la naturaleza del debate público, tratar de curar las heridas infringidas por el pasado, nutrir y expandir el espacio habitable en lugar de destruirlo en aras de alguna promesa futura, asegurar el “tiempo de calidad”, y más. Esas parecen ser las necesidades culturales no satisfechas en un mundo globalizado y son las memorias locales las que están íntimamente ligadas con su articulación.
En síntesis, es por eso que en nuestros días tenemos mayor necesidad del recuerdo productivo que de olvido productivo. Incluso en aquellos lugares donde las prácticas de las memorias carecen de un foco explícitamente político, expresan ciertamente la necesidad social de un anclaje en el tiempo en momentos en que la relación entre pasado, presente y futuro se está transformando más allá de lo observable como consecuencia de la revolución de la información y de la creciente comprensión de tiempo y espacio. Es así que, si estamos sufriendo de hecho de un excedente de memoria, tenemos que hacer el esfuerzo de distinguir los pasados utilizables de aquellos descartables, ejercicio de gran utilidad.
Bibliografia
Huyssen, Andreas. En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.
Notas
[1] Andreas Huyssen, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007), 13-39.
Fecha de escritura: 13 de noviembre de 2023
Fecha de publicación en esta web: 4 de mayo de 2026





