“Televisión y memoria: a 40 años del golpe de estado en Chile” – Lorena Antezana[1]
Reseña al artículo
Autor: Felipe De Lucas A.
El artículo, escrito en 2015, reflexiona en torno al papel de la televisión en la mediatización de las imágenes y visibilización de problemáticas no resueltas en esos 40 años, centrándose en la compleja relación que se establece entre el sistema político y el sistema de medios. En 2013, a 40 años del Golpe de Estado en Chile, los medios de comunicación y principalmente la televisión conmemoraron esa fecha emitiendo programas especiales en formatos de ficción y de realidad, donde los acontecimientos vinculados al Golpe de Estado fueron actualizados y reorganizados en nuevos relatos y marcos de referencia. Sin embargo, en esta selección y ordenamiento se destacaron ciertos hechos y se escondieron otros, lo que muestra explícitamente que dichas narrativas se constituyen en torno al “poder”, pues quien controla los medios de comunicación controla los relatos e imágenes que se difunden, los que finalmente inciden en los imaginarios sociales y de memoria colectiva[2]. Antezana revisa catorce programas de realidad emitidos en televisión para la conmemoración, junto con cuatro series y miniseries que le permitieron crear este estudio.
Como dice la autora: “El silenciamiento acordado (de manera tácita) durante lo que se denominó periodo de transición a la democracia en Chile no es una estrategia original, el problema es ponerse de acuerdo o decidir ¿qué se olvida? y ¿cuánto olvidar? Aquí estaban anunciándose las grietas y las fisuras que persistieron en una sociedad que trató de recomponerse como un espejo trizado y que terminaron por aparecer en televisión durante el 2013”[3]. Además, a los ya conocidos formatos televisivos de información se sumaron en esta conmemoración otros formatos de corte ficcional que ampliaron la cobertura, llegando a telespectadores que nunca antes habían visto algunas de las imágenes del Golpe de Estado.
Por consiguiente, la televisión jugó un papel relevante en esta conmemoración debido a tres razones importantes: 1) porque se trata de un medio que no solo transmite imágenes, sino que opera en “el registro del contacto: el cuerpo significante y la economía de la mirada”[4], formando parte de un rito social vinculado a la forma de operar de la política moderna; 2) porque, a pesar de la irrupción de Internet, sigue siendo el medio de comunicación más importante a la hora de “visibilizar” ciertos temas, en este caso vinculados a la dictadura; 3) porque las imágenes del Golpe de Estado que se transmitieron van configurando una memoria social, recuerdos compartidos[5].
Antezana nos explica que los medios de comunicación son la columna vertebral de nuestros actuales sistemas democráticos, puesto que, entre otras muchas funciones, alimentan el debate público y contribuyen a generar opiniones compartidas sobre los temas que interesan o podrían interesar a la gran mayoría[6]. Pero no solo son transmisores, son también actores que condicionan dichos debates y perspectivas. Antezana organiza el papel de los medios de comunicación durante el período dictatorial en tres grandes etapas: la primera entre 1973 y 1976, que es el momento más represivo y de mayor censura; la segunda entre 1977 y 1984, donde comienzan a denunciarse los abusos del régimen dictatorial; una tercera comprende desde 1985 hasta el final de la dictadura, caracterizándose por masivas manifestaciones y presión por recobrar la democracia. No obstante, ya es difícil para la televisión en estas últimas décadas seguir escondiendo lo que ocurrió en el país, no puede no mostrar estas imágenes ahora.
Para la fecha de escritura de este artículo, los escritores y audiovisualistas por los últimos veinte años habían hecho una apuesta de ficción, donde la televisión les dio un espacio en su programación. Las operatorias de estos medios de comunicación en lo atingente al “poder” y la selección de productos audiovisuales que se configuran como fuentes de la historia no son neutras, antes bien, el poder de tales medios también tiene restricciones. Es posible observar que, a diferencia de las conmemoraciones del Golpe de Estado anteriores, la televisión para el año 2013 “mostró” las imágenes que había ocultado desde una perspectiva que condena la violación de derechos humanos; también realiza un mea culpa debido a su operar durante la dictadura.
En otro orden de ideas, estos medios de comunicación se constituyen ahora en un aporte para la construcción de “memorias” en plural, destacándose como formatos más populares los de ficción narrativa en lugar de los programas de realidad: en esto influye el hecho de que la ficción permite el tratamiento de lo intolerable al matizar la crudeza de algunos acontecimientos.
Finalmente, no olvidar que la televisión ocupa un lugar prioritario en la construcción de imaginarios sociales; las imágenes también sirven para facilitar la comprensión de acontecimientos complejos al simplificarlos. Por otra parte, las imágenes proyectadas se actualizaron gracias a los testimonios de quienes aparecen en ellas en formatos de realidad. Pero, independientemente de que provengan o no de programas de realidad, las imágenes serán leídas como un todo; los telespectadores reordenan las huellas de las imágenes bajo nuevas referencias; los relatos dejan de ser historias individuales para ser colectivas. Una última e importante idea refiere a que, si bien los medios de comunicación masivos no se autorregulan por la ética, la presión que puedan ejercer las personas y organizaciones es vital para lograrlo.
Referencias bibliográficas
Antezana, Lorena. Las imágenes de la discordia.Buenos Aires: CLACSO, 2015.
Antezana, Lorena. “Televisión y memoria: a 40 años del golpe de Estado en Chile”. ComHumanitas: Revista Científica de Comunicación 6, nº1 (2015), 188-204.
Verón, Eliseo. “Interfaces. Sobre la democracia audiovisual evolucionada”. En El nuevo espacio público, eds. J. M. Ferry y D. Wolton, 124-139. Barcelona: Gedisa, 1998.
Notas
[1] Lorena Antezana, “Televisión y memoria: a 40 años del golpe de Estado en Chile”, ComHumanitas: Revista Científica de Comunicación 6, nº1 (2015), 188-204.
[2] Antezana, “Televisión y memoria”, 189.
[3] Antezana, “Televisión y memoria”, 191; véase también: Lorena Antezana, Las imágenes de la discordia (Buenos Aires: CLACSO, 2015).
[4] Eliseo Verón, “Interfaces. Sobre la democracia audiovisual evolucionada”, en El nuevo espacio público, eds. J. M. Ferry y D. Wolton (Barcelona: Gedisa, 1998), 125
[5] Antezana, “Televisión y memoria”, 191.
[6] Antezana, “Televisión y memoria”, 192.

Fotografía de Lorena Antezana
Fecha original de escritura: 29 de octubre de 2023
Fecha de publicación en este sitio web: 12 de agosto de 2026




